De la intención a la acción

conciencia-intencion

Entre la intención de realizar un cambio en algún aspecto de nuestra vida y la acción no existe una relación directa. Entre la intención y la acción se interponen procesos psicológicos, de los que en gran medida dependerá la puesta en marcha de los mecanismos necesarios para el cambio.

La conciencia es información intencionalmente ordenada y se corresponde con la realidad tal y como la experimentamos subjetivamente (Csikszentmihalyi, 1990). Son los procesos psicológicos los que intervienen en la comprensión de lo que acontece, siendo estos completamente controlables. Manejamos información constantemente. Cuando tomamos decisiones razonadas o cuando valoramos ventajas e inconvenientes, antes de realizar una elección, estamos utilizando la cognición. Cognición es pensamiento, atención, memoria, valoración e interpretación de todo cuanto nos rodea, motivación, expectativas. Todo ello sin menoscabo de las emociones y los afectos, ya que están estrechamente relacionados y juegan un papel crucial. De la relación entre el pensamiento y las emociones hablaremos en otro post.

¿Qué se interpone entre la intención y la acción? Los investigadores han tratado de delimitar los factores que decantan el peso de la balanza hacia una u otra conducta ante un balance decisional, encontrando que influyen la actitud hacia la forma de actuar, lo fácil o difícil que resulte realizar el comportamiento y la percepción que el individuo tiene de lo que opinan las personas importantes para él o ella (Ajzen y Fishbein, 2005).

– La actitud hace referencia a la evaluación hacia el objeto de conducta y la conducta en sí misma. Entran en juego las creencias y la valoración de las consecuencias asociadas, que pueden ser evaluadas positiva o negativamente, además de las expectativas de lo que se espera obtener y el riesgo percibido.

– La norma subjetiva es la percepción que se tiene sobre qué opinarán los otros, especialmente las personas significativas. No tiene por qué ser una opinión realista, se trata de una guía sobre lo que es normal o no para el resto a partir de la que uno se orienta.

– El control percibido es la sensación de autoeficacia; creer que uno es capaz de realizar un comportamiento y tener éxito en su consecución; en otras palabras, el grado de confianza que se tiene en alcanzar una meta.

Tomando en consideración estos tres aspectos, a la hora de iniciar un cambio será posible detectar fortalezas e impedimentos y trabajar sobre ello con mayor precisión, corrigiendo posibles concepciones erróneas y generando un marco de referencia ajustado a nuestros propósitos de forma realista.

Autora: África Brasó

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