Stop bulling: favoreciendo la conducta prosocial en el aula

Si un niño no puede expresar una necesidad, puede que adopte una estrategia física para comunicarse, o que la interiorice y no se exprese

bullying

El conflicto es un fenómeno natural que tiene lugar en  las relaciones interpersonales y en  la vida institucional, sin embargo se convierte en un problema cuando se da con una intensidad, frecuencia y gravedad que afecta al buen desarrollo de la convivencia. La violencia escolar, el bullying o abuso entre iguales y los comportamientos inadecuados son problemas frecuentes en los centros educativos. Aunque los casos más graves suelen ser detectados a tiempo y no son tan habituales, resulta necesaria la implementación de medidas que contribuyan a una mejora de la convivencia escolar.

La información social requiere manipulación, coordinación y diferenciación consciente de los diversos aspectos implicados en las relaciones sociales; habilidades que se adquieren de forma gradual a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo evolutivo y que conforman lo que los psicólogos denominamos cognición social.

Son múltiples los motivos que pueden generar que los menores se vean implicados en conflictos interpersonales, siendo posible actuar de forma directa sobre ellos.

– Las interacciones interpersonales requieren procesar información de manera fluida y rápida, considerando múltiples aspectos de una situación simultáneamente. Es posible que algunos niños tengan dificultades porque o bien desconocen el plan de acción adecuado, o no sean capaces de ejecutarlo eficientemente.

– La adquisición de habilidades comunicativas es una necesidad crucial que  atiende a los aspectos expresivos y receptivos del lenguaje, y es requisito indispensable para la asertividad. Si un niño no puede expresar una necesidad, es probable que adopte una estrategia más física para comunicarse, o que la interiorice y no se exprese.

– El ser humano es capaz de atribuir estados mentales, asumiendo que los otros tienen deseos, engañan y tienen sus propias creencias, que no siempre serán observables o se mostrarán explícitamente. Se trata de inferencias sujetas a interpretación que pueden dar lugar a sesgos  que conduzcan a conductas poco adaptativas; exteriorizadas mediante la agresión, o interiorizadas llevando al individuo a la inhibición y evitación.

– La especificidad situacional es uno de las aspectos característicos del comportamiento infantil. Comportamiento que será variable en función del lugar, situación y personas con las que se encuentre el individuo, lo que le hace especialmente vulnerable  a múltiples influencias que escapan a su control, repercutiendo en su conducta y formas de afrontamiento.

– No es posible detectar la conducta indisciplina en su totalidad, ya que en muchos casos son actos encubiertos –entre estos, el cada vez más habitual ciberacoso, en el que el aparente anonimato del agresor y la despersonalización de la víctima hacen de las redes sociales virtuales un “caldo de cultivo” para la violencia.

Conviene pues, señalar la necesidad de que tanto los padres como los centros educativos se impliquen en generar un ambiente escolar que promueva valores sociales. Si bien en los últimos años se han implantado medidas favorecedoras de un clima democrático y de prevención mediante la resolución de conflictos a través de programas de mediación, una vez instaurados, aceptados y reconocida su eficacia relativa, es posible incidir de forma más directa en el desarrollo de los niños con objeto, no tanto de prevenir, sino de favorecer el sentido de responsabilidad, cooperación, honestidad, solidaridad y compromiso, redundando en una mejora de las relaciones interpersonales.

En el ámbito de las estrategias en habilidades cognitivas es posible desarrollar programas que se apoyen en estrategias como la solución de problemas interpersonales, que favorezcan aspectos como la empatía, asertividad y habilidades comunicativas, mediante el trabajo en interacción con el grupo. Se incide así en las funciones cognitivas, emocionales y ejecutivas de los alumnos. Las habilidades cognitivas controlan lo que la persona sabe, mientras que las habilidades ejecutivas representan la habilidad para llevar a cabo un plan de acción, considerando las habilidades emocionales el puente que une las anteriores.

Una práctica educativa que movilice una mayor capacidad de resolución de problemas, planificación, análisis de consecuencias y toma de perspectiva del otro, conducirá a una mayor respuesta empática y centrada en la búsqueda de soluciones constructivas ante el conflicto, resultando en una mayor inteligencia emocional como lazo afectivo entre el razonamiento y la conducta prosocial.

Autora: África Brasó

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