Un paseo por la psicología positiva

 El amor por una cosa eterna e infinita, alimenta el alma de pura alegría y la libra de toda tristeza (Spinoza)

 

La psicología positiva es una nueva forma de abordar  la experiencia humana desde la psicología. Es el estudio de las emociones placenteras, el desarrollo de las capacidades y la búsqueda de la felicidad (Seligman, 2002). Su interés se centra en el optimismo, el bienestar, el flujo, la felicidad, la inteligencia emocional y las fortalezas personales.

Desde la psicología siempre se ha trabajado en dirección a promover el bienestar. No es nada nuevo decir que en la intervención sobre cualquier ámbito relacionado con la salud está implícita la búsqueda de mejoría de las personas y de su calidad de vida. Tal vez por cuestión de prioridades, tanto en la investigación como en la práctica clínica ha prevalecido el interés por la resolución de los problemas en mayor medida que la prevención y promoción de la salud.

Fue la OMS en la declaración de 1986, quien concluyó con una innovadora definición del significado de la salud, resaltando la necesidad de trabajar en sus aspectos positivos.

 “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o de minusvalía. La salud es un recurso de la vida cotidiana, no el objetivo de la vida. Es un concepto positivo que subraya los recursos sociales y personales así como las capacidades físicas.” (OMS, 1986).

A partir de este momento, diversos autores empiezan a poner el acento en la necesidad de contemplar los aspectos positivos de la salud. Tener un buen estado de salud física o mental no solo debe consistir en carecer de enfermedades o trastornos, sino de disfrutar de una serie de capacidades y recursos que permitan resistir adversidades (Almedom y Glandon, 2007). Desde la teoría salutógena humana (Antonovsky, 1987) se sugiere que la salud no es el polo opuesto a la enfermedad, sino la salud positiva.

Pero el padre de este movimiento es Martin Seligman; el mismo psicólogo que descubrió que en la depresión uno de los fenómenos explicativos es la indefensión aprendida, años más tarde la Psicología Positiva sería el tema central en la conferencia inaugural de su periodo como presidente de la Asociación Americana de Psicología (Seligman, 1999).

El concepto básico que subyace a este nuevo paradigma es la felicidad, un abstracto término del que tantas páginas se han escrito; filósofos como Aritóteles, Schopenhauer, Spinoza o Heidegger trataron la felicidad como uno de los axiomas básicos de la existencia del ser humano. En la tradición filosófica se identifican dos doctrinas que guían a la consecución de la felicidad, el hedonismo –tendencia a buscar el placer y evitar el dolor basándose en la inmediatez- y el eudemonismo, doctrina rescatada por Seligman, según la cual el bienestar y la felicidad trascienden más allá del placer pasajero. Actos como compartir, cooperar o comprometerse con uno mismo y con los demás pueden ser potentes aliados naturales para alcanzar una vida con sentido.

La psicología humanista de los años 60 representada por autores como Carl Rogers, Abraham Maslow o Erich Fromm, en su intento de lograr el bienestar  no se ha visto acompañada de una base empírica sólida, dando lugar a una inmensa cantidad de movimientos de autoayuda dudosos y poco fiables (Seligman y Csikzentmihalyi, 2000).

En la actualidad la Psicología Positiva se ha instalado como parte integrante de la Psicología Científica con más de 20 años de investigación en sus espaldas. Los esfuerzos se centran en analizar cuales son las variables que intervienen e influyen en el alcance del bienestar y la felicidad, y qué diferencia a las personas felices de las desdichadas, con objeto no solo de paliar, sino promover una salud mental positiva.

Existen razones teóricas y empíricas para pensar que el afecto negativo y el positivo, el malestar y el bienestar son relativamente independientes (Vázquez y Hervás, 2008; Keyes y Waterman, 2003), por lo tanto es posible exigir métodos y estrategias de intervención específicos para cada una de las dimensiones de la salud mental, la positiva y la negativa.

Referencias:

Almedom, A.M. y Glandon, D. (2007). Resilience is not the absence of PTSD any more tan health is the absence of desease. Journal of Loss and Trauma, 12, 127-143.

Antonovsky, A. (1987). Unraveling the mistery of health. San Francisco: Jossey Bass.

Keyes, C. L. M. y Waterman, M. B. (2003). Dimensions of Well-Being and Mental Health In Adulthood. En M. Bornstein, L. Davidson, C. L. M. Keyes, y K. Moore (Eds.), Well-Being: Positive Development Throughout the Life Course (pp. 477-497. Hillsdale, Nj: Erlbaum.

Seligman, M.E.P. y Csikszentmihalyi, M.(2000). Positive Psychology: An Introduction. American Psychologist, 55 (1), 5-14.

Seligman, M. E. P (1999). The President’s adress. APA 1998 Annual Report. American Psychologist, 54, 559-562

Seligman, M. E. P. (2002). Authentic Happiness: Using the New Positive Psychology to Realize Your Potential for Lasting Fulfillment. New York: Free Press/Simon and Schuster.

Váquez, C. y Hervás, G. (Eds.) (2008). Bienestar: Fundamentos científicos de una Psicología Positiva. Madrid: Alianza Editorial.

Autora: África Brasó

 

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