El desarrollo de la cognición social

Nacemos solos y morimos solos, y en el paréntesis la soledad es tan grande que necesitamos compartir la vida para olvidarlo (Erich Fromm)

Lo que diferencia a los seres humanos de otras especies es la capacidad de compartir deseos, intenciones, expectativas y estados emocionales, no solo de forma individual sino de forma colaborativa e interactiva. El fin último de esta capacidad es la consecución de metas compartidas, considerando que la principal diferencia entre los grandes simios y los humanos es la intencionalidad compartida

La descripción de estadios o fases a través de los cuales se desarrolla la cognición social en el ser humano es una forma de llegar a comprender la evolución de la acción intencional compartida tanto a nivel ontogenético -a lo largo del desarrollo del individuo- como su origen filogenético -a lo largo de la evolución como especie-. Estas fases son las siguientes:

– La interacción diádica es el primer tipo de comunicación, establecida entre la madre y el bebé, denominanda protoconversación. Es principalmente un intercambio de emociones donde se percibe al otro como ser animado.

– En la interacción triádica, los niños de aproximadamente 9-12 meses ya advierten la intencionalidad y las conductas dirigidas a unos objetivos o metas de los adultos. Surge además la mirada coordinada y la atención conjunta, dando los primeros pasos en la acción de compartir.

– En la interacción colaborativa los niños de 12-15 meses comprenden el papel del otro y tiene lugar la inversión de roles; las metas son compartidas tanto por el niño como por el adulto. En esta etapa el lenguaje, verbal y expresivo, se convierte en la herramienta principal, cuya función es inherentemente colaborativa.

A través del proceso de desarrollo, los niños no solo se introducen con mayor comprensión en el mundo social del que forman parte, sino que forman parte activa en la creación cultural. Participan en actividades colaborativas, desde los primeros juegos infantiles de realidad ficticia, hasta las actividades más complejas como los hechos sociales, el uso de símbolos como el lenguaje, así como las creencias individuales y colectivas.

El respaldo a la especificidad humana de la cognición social se obtiene de la comparación con otros primates no humanos. Los primates parecen comprender las intenciones y los intentos de consecución de metas. También comprenden que las acciones dirigidas a metas pueden no llevarse a cabo en situaciones de imposibilidad, accidentalidad o torpeza, mostrando distintas conductas en función de lo que observan en el interactuante. Sin embargo, los simios son incapaces de comprender los estados mentales, y lo que es más importante, carecen de la motivación necesaria y las habilidades que permiten compartir estados psicológicos. No existe en los simios comunicación diádica, ni triádica y mucho menos colaborativa, su interacción parece estar dirigida hacia la comprobación.

Las habilidades sociocognitivas evolucionaron en el contexto de interacción social. Según la hipótesis filogenética el fin último es tanto el de competir, como la motivación para colaborar en actividades que implican metas compartidas y atención e intenciones conjuntas. Si según esta primera hipótesis, la evolución favoreció individuos capaces de interpretar intenciones, por otra parte, según la hipótesis ontogenética se sugiere que estas capacidades interactúan en el primer año de vida del desarrollo, conduciendo al ser humano de forma gradual a formas de colaboración y prácticas inherentemente humanas como la cultura.

Autora: África Brasó

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