Procesos Controlados vs. Procesos Automáticos

El éxito del aprendizaje depende más del uso de los recursos disponibles, que de la cantidad de los mismos.

El sistema de procesamiento mental del ser humano tiene una organización jerárquica. Desde los procesos más simples, como la percepción sensorial, a los más complejos, como el razonamiento , esta organización está estructurada de tal forma que se requiere de la participación de diversos estratos cerebrales para que el mecanismo funcione correctamente y siguiendo un orden. Este orden, lejos de ser secuencial, es un proceso coordinado en el que las múltiples áreas cerebrales interactúan en paralelo dando lugar al aprendizaje, al conocimiento y al comportamiento organizado que nos caracteriza, considerándolo dentro de la normalidad.

La capacidad del cerebro humano no es ilimitada; su evolución ha proporcionado estrategias muy efectivas para no perder información, se trata de una especie de economía del pensamiento con la que nuestro sistema de procesamiento es capaz de detectar los datos relevantes para una situación dada, desechando lo superfluo. Se han definido dos tipos de procesamiento, los procesos automáticos y los procesos controlados.

– Los procesos automáticos son aquellos que tienen lugar sin necesidad de atención o control consciente y voluntario en la realización de una tarea. Son procesos que se activan mediante estimulación externa o interna y una vez activados pueden funcionar de forma independiente, con la ventaja de poder desarrollar otras tareas en paralelo. También denominados procesos de abajo a arriba, su carácter es dependiente de contexto y están guiados por la información estimular y sensitiva.

Los procesos controlados, por el contrario, requieren de la participación activa del individuo, de su atención y esfuerzo voluntario, por lo que será difícil realizar más de una tarea al mismo tiempo, aunque cuenta con la ventaja de la flexibilidad de ejecución. Se conocen también como procesos de arriba-abajo, ya que están guiados por los centros de procesamiento superiores, interviniendo el pensamiento, las creencias y el conocimiento.

Un ejemplo de procesamiento controlado sería aprender a conducir; el principiante necesita prestar mucha atención a todas las señales que aparecen a su alrededor, anticiparse a cada movimiento y difícilmente le sobrarán recursos atencionales para entablar conversación con su acompañante. El conductor experto, sin embargo, activará los procesos automáticos, facilitando que pueda estar pendiente de muchas más cosas al mismo tiempo, como mirar a sus hijos a través del retrovisor, a la vez que se detiene ante un semáforo pisando freno y embrague, reduciendo de marcha e incluso bajando el volumen de la radio.

Es fácil reconocer en nuestro día a día multitud de tareas realizadas a partir de procesos automáticos, o casi automáticos. Pero como hemos visto en el ejemplo de la conducción, para que un proceso controlado pase a ser automático se requiere experiencia y práctica en aquellas actividades que resulten novedosas.

Los procesos automáticos son producto del aprendizaje; al principio todo aprendizaje es controlado y es solo con práctica y repetición que posteriormente se convertirán en automáticos.

Cuando se reflexiona sobre lo que se puede o no se puede hacer es importante conocer estos aspectos acerca del funcionamiento mental. Al nacer, el sistema de procesamiento mental cuenta con determinadas predisposiciones que vienen de serie en el ser humano y en otras muchas especies, algunas tenderán a desaparecer por desuso, como ciertos reflejos; otras se potenciarán a lo largo del desarrollo, como el uso lenguaje.

El éxito del aprendizaje depende más del uso de los recursos disponibles, que de la cantidad de los mismos. La capacidad de utilizar tales recursos puede modificarse si se tienen en consideración algunos aspectos:

– El desarrollo intelectual es controlable

– Quitar importancia a la capacidad innata, recompensando y autorreforzando el esfuerzo y la mejora.

– Valorar el proceso en lugar de los resultados o el producto

– Entender los errores como una parte normal y saludable del aprendizaje

Autora: África Brasó

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