Creencias sobre las adicciones: del modelo moral al biopsicosocial

El conocimiento no tiene fin mientras se desconozca el horizonte del pensamiento

 La comprensión y explicación acerca del mundo y su funcionamiento viene determinada por el modelo imperante de la época en la que vivimos y por la cultura dominante en la sociedad. El ser humano adquiere conocimiento a través de la experiencia, la observación, elaborando hipótesis y extrayendo conclusiones en una constante búsqueda de la verdad. Una verdad que siempre será relativa mientras no se generen nuevas suposiciones y estas sean de nuevo contrastadas. El fin último del conocimiento es obtener soluciones a problemas y en especial saciar nuestra ilimitada curiosidad, motivación inherentemente humana que nos mueve a desafiar incluso al universo viajando a la luna.

Nuestra sociedad es la que es –pese a todo lo que le queda por recorrer- gracias a la cognición social, la perseverancia del ser humano, su interés en el desarrollo, su capacidad de adaptación y flexibilidad, sus habilidades adquiridas, su creatividad potenciada por el conocimiento acumulado, su deseo de compartir y aplicar cada avance, corrigiendo el retroceso y cuestionando lo pasado con objeto de mejorar el presente promoviendo un futuro crítico y abierto a nuevas ideas y perspectivas. El conocimiento no tiene fin mientras se desconozca el horizonte del pensamiento. Tras cada límite superado se vislumbra un nuevo reto que descubrir, por ello la verdad en cuanto a conocimiento es un término al que referirse con cautela, en torno al concepto de probabilidad y relatividad.

El proceso de cambio en el ser humano en cuanto a individuo único, concebido como constructor de su propio conocimiento a lo largo de su historia evolutiva es semejante al proceso de desarrollo del conocimiento social. Influenciado por la cultura, las instituciones sociales y las creencias colectivas, desde la primera infancia el hombre formará teorías implícitas, que contrastará mediante su propia experiencia a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo. Cada vivencia se sumará, elaborando y recomponiendo esquemas a partir de los cuales abstraerá generalizaciones derivadas de esa experiencia. Aprenderá y desaprenderá.

La parte observable de todo este proceso es la conducta, que será recompensada o castigada en función de las consecuencias en el entorno más inmediato del individuo.

En casos de problemas de adicción serán la educación, el trabajo o la familia los ambientes directamente afectados. El desconocimiento, la desinformación y en especial las creencias compartidas de los aspectos implicados en el proceso de dependencia generan un gran sufrimiento en las personas significativas, minando la confianza, deteriorándose las relaciones y generando un gran sentimiento de impotencia al no saber cómo actuar.

Orígenes de la intolerancia

Las creencias compartidas

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Existen diferentes modelos explicativos de las adicciones, pero los más relevantes, y divulgados, en tanto en cuanto son los que más profundamente han calado en la sociedad y afectado en relación a las conductas adictivas, son el modelo moral y el modelo biológico o médico.

Durante muchos años en nuestra sociedad ha prevalecido el modelo moral, modelo que hasta los años 80 aproximadamente ha compartido escenario con el modelo biológico. Ambos tienen en común una conceptualización de las conductas adictivas como un problema que está dentro del individuo. Se diferencian en cuanto a que para el modelo moral la adicción es una debilidad del carácter, desatendiendo la implicación fisiológica y responsabilizando al sujeto en su “readaptación”, proponiendo el uso de “la fuerza de voluntad” como tratamiento; desde el modelo biológico, también modelo médico el adicto tiene una enfermedad progresiva, grave y crónica imposible de superar sin la utilización de fármacos.

Por otra parte, es indiscutible el papel de los medios de comunicación en la contribución de la comprensión del fenómeno de las drogas. La información transmitida por los medios, lejos de ser educativa y aprovechar su posición para promover un conocimiento realista y libre de prejuicios, lanza mensajes estereotipados y ambiguos en cuanto a contenido y terminología empleada, utilizando la palabra droga para referirse a toda clase de sustancias ilegales, dejando al margen el alcohol o el tabaco. Las noticias relacionadas con las drogas suelen aparecer en la sección de “sucesos”. Vinculadas al ámbito delictivo, enfatizan en el narcotráfico o en los actos vandálicos cometidos en el seno de los sectores más deprimidos de la población.

El impacto de tales noticias, junto al todavía latente modelo moral en mente de gran parte de la población, evoca miedo, sensación de inseguridad, intolerancia y una actitud criminalizadora hacia las personas con problemas adictivos; una creencia generalizada cuyo resultado será una actitud que afecta a un sector ya de por si desfavorecido, conduciendo a la génesis de un estereotipo de signo negativo y en consecuencia a su discriminación.

Con todo, el individuo dependiente entrará con mayor facilidad en un círculo de deterioro que puede iniciarse con el abandono escolar, pasando por problemas de desempleo y pobreza, originando actos delictivos y el desvanecimiento de las relaciones interpersonales, con el consecuente menoscabo en el tan necesario apoyo social.

Mantener una actitud crítica ante la información, externa e interna, es un aspecto esencial para no caer en la trampa mediática. No solo en el ámbito de las adicciones o los desórdenes afectivos, sino en cualquier área del conocimiento. El ambiente social es muy complejo y se necesita entrenar el juicio reflexivo para tomar decisiones acertadas y con la máxima autonomía.

El modelo biopsicosocial

Responsabilidad a partes iguales

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En la actualidad, las ciencias de la salud, entre las que se encuentra la psicología, predomina el modelo Biopsicosocial. Desde el marco Biopsicosocial se concibe al ser humano de forma integral, y en el abordaje de las drogodependencias se tienen en consideración la interacción de factores fisiológicos o biológicos, psicológicos y sociales. Entre los aspectos biológicos más llamativos están la intoxicación y el síndrome de abstinencia, cuyos síntomas son específicos de la sustancia consumida. Su duración es relativamente breve, circunscribiéndose a las etapas iniciales de abstinencia. Entre los aspectos psicológicos, la secuela que genera mayor incomodidad, por presentarse incluso tras años de mantenimiento, es el craving, fenómeno frente al que se requiere entrenamiento psicológico para afrontar las situaciones de riesgo en que puede aparecer. El efecto social más problemático es la pérdida de apoyo y las dificultades de pedir ayuda cuando se necesita.

El tratamiento de las adicciones se inicia con el proceso de desintoxicación física, componente del tratamiento que compete a la medicina. A continuación, una vez extinguidos los síntomas de abstinencia, es recomendable trabajar la deshabituación psicológica. Esta fase es la más extensa, dado que las personas afectadas necesitan reconducir su vida de nuevo, aprendiendo estrategias que impidan una recaída y en definitiva aprender a vivir sin drogas. Los fármacos han mostrado eficacia para aliviar los síntomas de malestar físico, pero serán de poca utilidad si tras su abandono la persona no ha adquirido las estrategias psicológicas y técnicas de autocontrol necesarias para enfrentarse a la vida sin drogas, resolver problemas o iniciar nuevas actividades y formas de divertirse.

El tratamiento que cuenta en la actualidad con mayor aval científico es el tratamiento cognitivo-conductual, considerado un tratamiento bien establecido y empíricamente validado por la  American Psychological Association (APA).

El objetivo inicial del tratamiento cognitivo-conductual es promover la motivación para el cambio. Una vez calientes los motores energizantes de la motivación, se emprende el camino del aprendizaje y la deshabituación: el proceso de cambio. Entre los objetivos centrales del tratamiento están el abordaje de las creencias disfuncionales, la conexión entre estas y el deseo de consumo, las expectativas de autoeficacia, los errores de atribución, el entrenamiento en solución de problemas y la prevención de recaídas, siendo estos algunos de los componentes que conforman un programa protocolizado en formato psicoeducativo de duración limitada.

En este modelo se apuesta por un tratamiento integral del problema. La responsabilidad se distribuye entre terapeutas, círculo social y el propio individuo afectado como parte activa del procedimiento.

Autora: África Brasó

 

 

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