Maltrato y abuso sexual infantil (II)

Mantenimiento del Abuso Sexual Infantil (ASI) a lo largo del tiempo

Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil (SAAS)
¿Por qué muchos casos de abuso sexual infantil se mantienen durante años? Según Summit (1983) son las acciones tanto del propio agresor, como de la familia y el entorno los responsables de lo que este autor  denomina Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil (SAASI). Este síndrome se presenta en una serie de fases cuyas características contribuyen a que el abuso se mantenga a lo largo del tiempo.

  1. El secreto: El agresor presiona a la víctima para que mantenga el secreto, chantajeándole, mintiéndole y culpabilizándole. Con este objetivo manipulará las emociones del menor  valiéndose de los sentimientos de culpa, haciéndole creer que es responsable del abuso. La ley del silencio conducirá a la víctima al total aislamiento, incrementando el sentimiento de culpa y de vergüenza.
  1. El desamparo y la indefensión: Por las características psicosociales de esta etapa evolutiva, los niños evitan a los desconocidos y manifiestan respeto y obediencia a los adultos cercanos, de los que esperan protección. Este hecho constituye un factor de riesgo para el ASI, ya que un menor que tiene plena confianza en alguien que conoce, no creerá que su conducta puede ser malintencionada y dirigida a hacerle ningún daño. El abuso romperá esta confianza, no solo hacia el agresor; la traición experimentada y la desconfianza se extenderán a todo tipo de personas y situaciones: el mundo pasará a ser un lugar peligroso. La sensación de indefensión y desprotección pueden permanecer durante toda la vida, siendo una variable de riesgo para el desarrollo de futuras dificultades emocionales frente al mínimo impacto de un evento desagradable.
  1. El entrampamiento y la acomodación: Atrapada en el silencio, la vergüenza y la responsabilidad, la víctima cree que no será capaz de detener el abuso, convirtiéndose así en algo recurrente. Se tiene el sentimiento de estar atrapado en una situación de la que nunca será capaz de escapar. Es importante tener en cuenta que hablamos de un niño que se encuentra en pleno desarrollo, que depende de unos adultos que se supone deben protegerle, por lo tanto sus recursos y estrategias de afrontamiento son las características de su etapa evolutiva y su capacidad de acción restringida al contexto inmediato en el que se mueve (familia, escuela).
  1. Revelación retardada, conflictiva y no convincente: Muchos casos de ASI ni se han sabido ni se sabrán, y si se salen a la luz suele ser transcurrido bastante tiempo, en la adolescencia o adultez temprana. La respuesta del entorno es crucial en esta etapa; aquellos que decidan contarlo y reciban muestras de desconfianza, sobre todo si es por parte de los progenitores y seres más queridos del grupo familiar, pueden llegar a presentar graves problemas emocionales. La incredulidad, el descrédito, considerar que se trata de una fantasía o una mentira, solo confirman la creencia de que no se puede confiar en nadie. Además se estaría cumpliendo la constante amenaza del ofensor de que no le creerán y por lo tanto, nadie le ayudará.
  1. La retractación: La víctima decide negar los hechos, como si en realidad no estuviera ocurriendo. Esta fase está relacionada sobre todo con el vínculo que la víctima mantiene con el agresor, teniendo más probabilidad de aparecer si se trata de una persona cercana y si, además, existe dependencia económica en el contexto familiar. La relación con la madre, su sensibilidad y habilidad para detectar e interpretar las señales de su hijo son determinantes. Frente al sentimiento de culpa y la responsabilidad de mantener a la familia unida, la víctima se retracta y se desdice para aliviar la presión del contexto.

Dadas las características del contexto en el que se encuentra un niño víctima de ASI, difícilmente se llegará a conocer. De hecho, solo un 50% de los casos revelará el abuso, un 15% acudirá a las autoridades y tan solo un 5% llegará a involucrarse en procesos judiciales (Echeberúa, P. Corral, 2006).

Consecuencias del ASI

Las consecuencias del ASI se manifiestan en múltiples áreas del funcionamiento de los menores que han sido víctimas de abuso, siendo difícil establecer una sintomatología específica. Algunos autores estiman que entre un 60 y un 70% de los casos presentarán problemas psicopatológicos a corto plazo (Mannarino y Cohen, 1986; McLeer, Dixon, Henry, Ruggiero, Escovitz, Niedda, 1998). Los efectos a largo plazo, aunque menos evidentes que los iniciales, suelen presentarse en un 30% de los casos. No obstante, las implicaciones del abuso suelen extenderse a lo largo de los años sin necesidad de que sean evidentes, repercutiendo en el ajuste biológico, psicológico, familiar y social (Comeche, 2012).

Cabe precisar antes de delimitar las diferentes áreas de clasificación de las consecuencias del ASI, que el abuso (ya sea físico, emocional o sexual) es un estresor desmesurado cuyas consecuencias en los primeros años de vida afectan al desarrollo neurológico, sensibilizando los circuitos cerebrales. Ante la falta de estrategias de un niño para afrontar tal adversidad, el trauma conduce a lo que se ha denominado sensibilización al estrés; es decir, los circuitos neurales relacionados con las emociones no solo se activan mientras el estresor está presente, sino que están activos de forma permanente y con una capacidad disminuida para procesar futuros estresores. Con todo, un niño que ha sido víctima de ASI, cuando sea adulto y experimente situaciones de estrés, por menores que sean, tendrá mayor probabilidad de desarrollar un trastorno afectivo (Stahl, 2012).

Problemas emocionales. En las víctimas de ASI con frecuencia se observa un estilo de apego inseguro, sintomatología depresiva y ansiosa, trastorno de estrés postraumático, miedos y fobias, baja autoestima, déficits de empatía, sentimientos de culpabilidad, estigmatización, ideación y conductas suicidas y autolesiones.

Problemas de conducta. Se incluye aquí lo propiamente conductual, afectando a la esfera de la sexualidad especialmente (masturbación compulsiva, vocabulario sexual inapropiado, excesiva curiosidad sexual o conductas exhibicionistas). Son frecuentes las conductas desafiantes y disruptivas (hostilidad, ira y rabia, agresividad), la impulsividad y consumo de sustancias.

Problemas cognitivos. A nivel cognitivo destacan las dificultades de atención y concentración, interfiriendo con rendimiento académico. Todo ello se puede reflejar también por un marcado retraso en el desarrollo del lenguaje y del aprendizaje en general, mermando la autoestima del pequeño, de sus habilidades de afrontamiento y en sus relaciones con los iguales.

Problemas interpersonales. Los problemas en las relaciones sociales es una de las áreas más afectadas. La traición experimentada rompe en pedazos la confianza del niño, no solo desconfiará de los desconocidos, sino también de la familia y los amigos. El mundo seguro en el que debería sentirse protegido, se vuelve hostil y amenazante. Se ha demostrado que los niños que han sido víctimas de ASI tienen menos amistades y un elevado grado de aislamiento social. Tienden a incorporar un pobre autoconcepto, interfiriendo en el desarrollo del sí mismo, de las habilidades sociales y en consecuencia en las relaciones con los otros.

Problemas fisiológicos y funcionales. Es común que se presente toda una gama de dificultades en las funciones físicas. Los problemas de sueño es uno de los más comunes, junto a la pérdida del control de esfínteres, así como  problemas de alimentación y somatizaciones.

África Brasó

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Referencias

Comeche, I., Vallejo Pareja, M. A. (2012). Manual de terapia de conducta en la infancia. Madrid: Dykinson.

Echeberúa, E., Del Corral, P. (2006). Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia. Cuadernos de Medicina Forense, 12, 43-44

Mannarino, A. P. y Cohen, J. A. (1986). A clinical demographic study of sexually abused children. Child Abuse & Neglect, 10, 17-23.

Stahl, S. M. (2012). Psicofarmacología esencial. Bases y aplicaciones prácticas. Madrid: Grupo Aulamedica.

Summit, R. C. (1983). The child sexual abuse accomodation. Child Abuse & Neglect, 7, 177-193.

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