La contribución de las TIC en las personas mayores: promoción de sentimiento de comunidad, inclusión y participación en la sociedad de la información

Participar de forma activa en la construcción de nuestra vejez es uno de los mayores retos a los que la sociedad se enfrenta. Los avances tecnológicos pueden contribuir en gran medida a que la vejez ocupe el lugar que merece en la sociedad de la información y la comunicación. Mediante el intercambio de saberes y la conexión intergeneracional es posible lograr una vejez emocionante e integral en una sociedad para todos.

1.      Estado de la cuestión sobre el envejecimiento

1.1.     Aspectos introductorios y sociodemográficos

El envejecimiento de Europa es un hecho que trastoca estructuras demográficas y que tiene amplias repercusiones sociales, económicas y culturales. Concretamente nuestro país, según estimaciones de la ONU (2014) se situará en el tercer puesto a nivel mundial en el ranking de los países con mayor índice de envejecimiento poblacional en el año 2050 después de Japón y Corea del Sur, con un 34,5% mayor de 65 años.

Tal incremento del número de personas mayores es consecuencia de factores socioeconómicos, producto de la evolución y el éxito de nuestra sociedad actual, que puede explicarse tanto por el aumento de la esperanza de vida, como por la disminución de la natalidad.

La esperanza de vida es el indicador más empleado para la comparación de la incidencia de mortalidad en distintas poblaciones, así como de las condiciones de salud y el nivel de desarrollo. En los países occidentales, gracias a los avances médicos y tecnológicos, los cambios en los hábitos nutricionales, la mejora en el estilo de vida y el acceso a los servicios sanitarios son los factores que han contribuido al aumento de la esperanza de vida. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2000 la proyección de la esperanza de vida al nacer era de 75,9 años en los hombres y 82,7 en las mujeres. En 2015 se situaba en 80 y 85,7 años para hombres y mujeres respectivamente. Y en el 2029 se estima que la esperanza de vida alcanzará los 84 años en los hombres y los 88,7 en las mujeres. Existe una tendencia creciente de la esperanza de vida de la población española con una brecha de género que tiende a reducirse. Esto supone un incremento en promedio de 23 años más de vida para las personas que en 2029 tengan 65 años o esperanza de vida a los 65.

El siguiente indicador en relevancia es el índice de natalidad o número de personas que nacen a lo largo del tiempo. En nuestro país se ha experimentado una progresiva disminución en la fecundidad desde los años 70 hasta la actualidad, no solo por el menor número de nacimientos, sino también por la disminución de mujeres en edad fértil. En los años 70 existía una fecundidad de casi 3 hijos por edad fértil. Esta cifra desciende en los 90 a menos de 2 hijos hasta alcanzar la tasa de fecundidad más baja de Europa en el año 2000 con 1,21. Aunque se hayan producido ligeras modificaciones en estos últimos años las estimaciones parecen apuntar hacia una tendencia similar en el futuro.

1.2.    La salud de los mayores

Sin duda el incremento de la esperanza de vida es un dato positivo que muestra la evolución de una sociedad que mejora a pasos agigantados en la calidad de vida de las personas, de una sociedad cada vez más saludable y con recursos a disponibilidad de todos. Sin embargo este incremento también lleva aparejadas algunas dificultades que la sociedad debe prever, planificar y afrontar. El envejecimiento suele ir acompañado de un empeoramiento de la salud, de discapacidad y de dependencia. Desde este punto de vista lo relevante ya no es tanto el incremento de la esperanza de vida en el futuro, sino cómo disminuir la morbilidad y la dependencia al final de la vida. Para ello la OMS ha elaborado una serie de indicadores como son la Esperanza de Vida Saludable (basada en datos de autoinformes sobre la salud) y la Esperanza de Vida Libre de Discapacidad (basada en actividades en la vida diaria).

Según la OMS (2012) con independencia del nivel de desarrollo económico, las tres primeras causas de muerte en las personas mayores son enfermedades no transmisibles: cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Por lo que respecta a los datos sobre discapacidad, se estima que un 46% de personas mayores de 60 años tienen alguna discapacidad, siendo las más frecuentes la discapacidad visual, demencia, pérdida de audición y artrosis. Oros retos que considerar son la mayor frecuencia de accidentes y lesiones entre los mayores, que pueden conducir a un peor estado de salud o precipitar una dependencia, así como el maltrato, ya que alrededor del 4%-6% de las personas mayores han experimentado alguna forma de maltrato en el hogar (OMS, 2012). Otra cuestión crucial es la salud mental de los mayores. Si la patología de mayor prevalencia en la vejez es el deterioro cognitivo, que es dependiente de una enfermedad neuropsicológica como es la demencia, la depresión es el trastorno afectivo más prevalente como consecuencia del mayor aislamiento y ocurrencia de eventos estresantes que se suceden en esta etapa de la vida (Ballesteros, 2009).

El envejecimiento de la población conllevará con alta probabilidad a una cada vez mayor demanda asistencial sanitaria y de apoyo social. Por este motivo la OMS (2012) plantea la adopción de un enfoque preventivo y de promoción de salud que abarque todas las etapas de la vida con el objetivo de favorecer una vejez sana y activa.

  1. Promover una buena salud y los comportamientos saludables a todas las edades para prevenir o retrasar la aparición de enfermedades crónicas.
  2. Reducir al mínimo las consecuencias de las enfermedades crónicas mediante la detección precoz y la prestación de una atención sanitaria de calidad.
  3. Crear entornos físicos y sociales que promuevan la salud y la participación de las personas mayores.
  4. Redefinir el envejecimiento: cambiar las actitudes sociales para promover la participación de las personas mayores.

1.3.     Consideraciones y características del envejecimiento

Existen una serie de creencias y estereotipos infundados sobre la vejez que es preciso desmitificar. En general se piensa que en la vejez se da un mayor deterioro tanto de la salud como del estado cognitivo; que los mayores son menos capaces de aprender; que son inflexibles, rígidos; que tienen menos amistades, menos intereses o que piensan menos en el sexo; que les cuesta más resolver problemas o que su humor es más negativo. Estos estereotipos contribuyen a una mayor vulnerabilidad de los mayores en tanto en cuanto pueden actuar como profecía que se cumple por sí misma, conduciendo al aislamiento y a la soledad al sentirse poco valorados dentro de una sociedad en la que se sienten rechazados y poco útiles.

Si bien en la vejez se produce un cierto declive en la salud, también existen ganancias y compensaciones a lo largo del ciclo de la vida. En cuanto al déficit cognitivo, este tiene que considerarse según el tipo de función cognitiva evaluada. Hay funciones que tienden a disminuir (como la velocidad de procesamiento o la memoria operativa), mientras que otras tienden a mantenerse (como la fluidez verbal), incluso pudiendo incrementarse en la edad madura, teniendo una influencia fundamental tanto la experiencia como la práctica de las habilidades para que estas no declinen (Denney, 1982). Se ha demostrado que la capacidad de aprendizaje es de una enorme plasticidad a lo largo del ciclo vital, pudiendo incluso optimizarse en casos de deterioro cognitivo. Otra de las falsas concepciones que se ha desmentido es el mayor afecto negativo atribuido a los mayores; existe amplio acuerdo entre diferentes autores en que apenas se dan diferencias entre los jóvenes y las personas mayores en la frecuencia de experimentación de sentimientos positivos y que por el contrario, los mayores experimentan menor frecuencia de emociones negativas (Ballesteros, 2009). Sobre la personalidad rígida e inflexible también se ha demostrado empíricamente que no se sostiene; existe estabilidad dentro del cambio a lo largo del tiempo, dato especialmente demostrado en estudios longitudinales. Es cierto que el área de las relaciones sociales cambia a lo largo del ciclo vital, pero no hacia el desinterés; el ser humano es un ser social, y si en etapas iniciales de la vida es más frecuente un mayor número de relaciones, en la madurez aunque estas puedan disminuir y estar centradas en un contexto más próximo y familiar, no se reduce la satisfacción con las mismas.

Otra de las cuestiones a resaltar es la enorme variabilidad interindividual de las personas mayores en su funcionamiento psicológico. A medida que envejecemos, al contrario que en las primeras etapas de la vida, las personas se vuelven cada vez más diferentes entre sí. Al tratarse de una población tan heterogénea, las políticas de salud y educación, así como cualquier tipo de intervención que se lleve a cabo deberá contemplar estas características con objeto de definir y planificar de forma precisa e individualizada, poniendo énfasis aún con mayor motivo en la atención centrada en la persona.

En definitiva esta serie de mitos y prejuicios mencionados son importantes de cara a la modificación de las actitudes de la sociedad acerca del envejecimiento. En todas las etapas de la vida se dan pérdidas y ganancias, y la vejez es un proceso de continuo crecimiento y desarrollo personal del que tanto la ciencia como la sociedad tiene mucho aún que aprender.

En Agudo y col. (2013) se mencionan algunos ejemplos de personas reconocidas que continuaban en plena actividad a edades avanzadas, como Pablo Picasso, quien cerca de su muerte a los 91 años seguía experimentando en nuevos desafíos artísticos; Giuseppe Verdi compuso la ópera Otelo a los 64 años y Falstaff a los 80; Camilo José Cela a los 80 aún escribía novelas y artículos; a los 71 años consiguió el Premio Príncipe de Asturias y a los 83 el Premio Novel; Severo Ochoa, investigador del mensaje genético, a los 80 años trabajaba y daba conferencias de ciencia aplicada a la vida.

2.      El papel de las TIC en el envejecimiento

Es un hecho que el envejecimiento de la población conlleva a una mayor necesidad de recursos asistenciales. En este contexto, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) constituyen herramientas de un alto valor para la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, tanto a nivel de atención de necesidades sociosanitarias como a nivel de uso y disfrute personal de las múltiples opciones y finalidades que estas ofrecen.

En los últimos años las TIC han impregnado nuestras vidas transformando la sociedad. Sin apenas darnos cuenta de ello estamos viviendo avances acelerados en su desarrollo y forman parte de todos los ámbitos; educativo, social, cultural y sanitario. En definitiva, nos encontramos inmersos en la sociedad de la información, definida esta como “un estado de desarrollo social caracterizado por la capacidad de sus miembros para obtener y compartir cualquier información, instantáneamente, desde cualquier lugar y en la forma que se prefiera” (Telefónica, 2000; pág.20).

En este contexto la pregunta que nos planteamos es ¿qué lugar ocupan las personas mayores en esta sociedad de la información? La respuesta la encontramos en el concepto Brecha Digital (Digital Divide). Lo que este término viene a indicar es la diferencia entre las personas mayores y las más jóvenes en el acceso y la utilización de las TIC. Esta brecha implica el riesgo explícito de verse fuera de esta sociedad de la información en la que estamos inmersos, significa distancia, barreras y sentirse excluido socialmente por la falta de estos recursos necesarios para formar parte de ella.

En este sentido, las TIC no solo son necesarias para promover la autonomía y la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, sino que se convierte en objetivo primordial que formen parte de las vidas de los mayores para seguir fomentando su participación dentro de una sociedad globalizada, en constante evolución, dentro de un mundo cada vez más tecnológico e inclusivo al que los mayores también pertenecen.

Las políticas sociales actuales intentan congraciarse con este sector de la población, sin voz pero con voto, ofreciendo programas la mayoría para mejorar la calidad de vida y el nivel de salud, sin embargo, aún son escasas las actividades destinadas al mantenimiento de las condiciones intelectuales a pesar de que es sabido que la actividad mental aminora el envejecimiento y que la idea “me formo en la niñez o en la adolescencia” ha quedado caduca (Pavón y Castellanos, 2000). El concepto que hoy prevalece, según el primer informe anual del Foro de la Sociedad de la Información y la Comisión Europea (Foro de la Sociedad de la Información, 1996), es que el cambio se produce a una velocidad tal que la persona solo podrá adaptarse si la Sociedad de la Información se convierte en la Sociedad del aprendizaje permanente (citado en Pavón y Castellanos, 2000). Con esto se quiere decir que las TIC no solo están al servicio de la supuestamente empobrecida salud de los mayores. Su utilidad, más allá de la salud, abarca ámbitos tan amplios como el ocio, la formación o el sentimiento comunitario que favorecen las redes sociales.

2.1.     Envejecimiento activo

 No existe una definición única y universal del envejecimiento activo. Según el COP (2007) “el envejecimiento activo es el fomento de la participación social de las personas mayores, del aprendizaje a lo largo de toda la vida y a las oportunidades de desarrollo individual, autorrealización y bienestar a lo largo de todo el periodo vital”.

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La OMS lo define como el “proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. El envejecimiento activo permite que las personas realicen su potencial de bienestar físico y social, y se centra en las personas mayores y en la importancia de dar una imagen pública positiva de este colectivo”. En esta definición es posible apreciar cuatro dimensiones que formarían parte del envejecimiento activo: la seguridad, la salud, la participación y la formación a lo largo de toda la vida.

El año 2012 fue declarado el Año Europeo del Envejecimiento Activo y de la Solidaridad Intergeneracional. Uno de sus objetivos prioritarios fue el de sensibilizar a la sociedad en general sobre el valor del envejecimiento activo y sus distintas dimensiones, garantizando que se le conceda una posición prominente en las agendas políticas a fin de apreciar en mayor medida la valiosa contribución que las personas de más edad hacen a la sociedad y a la economía, promover el envejecimiento activo, la solidaridad intergeneracional y la vitalidad y la dignidad de todas las personas, movilizar el potencial de las personas mayores independientemente de su origen, posibilitando que lleven una vida independiente.

En el documento “Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador”- EUROPA 2020, la Comisión Europea pone de manifiesto la importancia del envejecimiento activo como elemento clave para el porvenir. De esta manera se promueve la idea de garantizar el acceso a todo tipo de actividades y la igualdad de oportunidades para toda la ciudadanía, independientemente de su edad (Libro Blanco del Envejecimiento Activo, 2011).

Por otra parte, diferentes autores han tratado de delimitar cuáles son las dimensiones del envejecimiento activo. Baltes (1990) propone los siguientes componentes: duración de vida, salud biológica, salud mental, eficacia cognitiva, competencia social y productividad, control personal y satisfacción en la vida. Según Rowe y Khan (1997) son tres las condiciones básicas que sirven de apoyo al envejecimiento con éxito: evitar la enfermedad y la discapacidad, funciones cognitivas y físicas en grado elevado y el compromiso con la vida.

En todas las definiciones se observa que la mayor parte de los componentes tienen que ver con aspectos psicológicos como principales determinantes de una vejez activa y saludable. Una palabra que se repite es la participación, y la participación es inclusión y también compromiso con la vida. Para ello las TIC se presentan como una oportunidad para seguir aprendiendo, mantenerse activo, como una herramienta de comunicación y de generación de sentimiento comunitario, más allá de su funcionalidad en el ámbito de la salud.

2.2.     Contribución de las TIC en la vejez

 En la actualidad se dispone de numerosos estudios en los que se señala la importancia de la I+D+i en el campo del envejecimiento. En la Agenda de investigación sobre el Envejecimiento para el Siglo XXI, un proyecto conjunto del Programa de Envejecimiento de las Naciones Unidas y la Asociación Nacional de gerontología y Geriatría publicado en 2007, se configuraron varias áreas de investigación críticas en las que las TIC pueden desempeñar un papel relevante: participación e integración social, envejecimiento saludable, funcionamiento físico y mental, calidad de vida, etc. También el CSIC en el informe de I+D+i sobre envejecimiento de 2010 analiza las principales líneas de interés sobre este tema, señalando la necesidad de impulsar investigaciones sobre aspectos tecnológicos para combatir, paliar y subsanar los efectos del envejecimiento humano (citado en Piathini Velthuis, 2012).

 Son muchos los aspectos en los que las TIC pueden contribuir en la mejora de la calidad de vida de los mayores. Uno de los primeros aspectos a destacar es el de la movilidad. Para ello la accesibilidad universal o diseño para todos es un concepto a través del cual se proponen soluciones y diseño de productos que permitan una mayor accesibilidad, no solo para las necesidades de las personas con discapacidad, sino también para que las personas mayores puedan moverse de forma autónoma y lograr una mayor integración social. Otro concepto importante es el de usabilidad, en lo que se refiere a la facilidad del manejo y confortabilidad y flexibilidad en el uso en función de las preferencias y las capacidades de las personas. Así, en la edificación, el urbanismo, el transporte y la comunicación se tiene cada vez mayor consideración los obstáculos con los que las personas se pueden encontrar en su día a día. En lo que respecta a la inteligencia artificial los avances son notables. Se han diseñado sillas de ruedas inteligentes que son capaces de subir escaleras y de adaptarse a los diferentes terrenos de forma automática. La investigación en robótica cada vez más avanzada trabaja en proyectos como RoboBrain, un autómata que pueda ayudar a los ancianos en casa; desde leer el correo electrónico y las noticias o dar conversación, hasta llegar a poder actuar como un enfermero.

Otras dificultades para las que las TIC pueden ser muy eficientes son los problemas de discapacidad sensorial a nivel de visión y de audición. Además de señales audibles y las vibrotáctiles, ya se dispone de sistemas que pueden informar a las personas sobre su ubicación o de los obstáculos que hay alrededor. Existen sistemas inteligentes de lectura de etiquetas, medicación, traducción de voz a texto o reproductores de lengua de signos.

Un 10% de las personas mayores de 65 años tiene problemas cognitivos, porcentaje que se incrementa conforme avanza la edad. Para ello existen dispositivos que pueden colaborar en las actividades de la vida diaria de estas personas; la domótica, la inteligencia ambiental y tecnologías asistenciales para la discapacidad tienen un gran potencial para problemas neurodegenerativos. Concretamente en España se han identificado 33 proyectos de I+D+i en el ámbito de las TIC para enfermos crónicos y personas dependientes. La mayoría de estos proyectos están dirigidos a aplicaciones de las TIC relacionadas con la mejora de la calidad de vida de los pacientes, familia y cuidadores (Monteagudo, 2012).

Si bien el grueso de la literatura científica que aborda las TIC relacionadas con la vejez suele vincularse a cuestiones de salud y cuidados médicos, en pocas ocasiones se analizan otros aspectos susceptibles de tener un impacto positivo (Heart y Kalderon, 2013; citado en Agudo, Fombona y Pascual, 2013). Las TIC son un herramienta que puede abrir nuevos caminos más allá de la salud. El ocio, la creatividad, el aprendizaje, la comunicación el establecimiento de redes sociales como oportunidad de interacción social son solo algunos de los recursos que las personas mayores se pueden beneficiar. Según Pavón y Castellanos (2000) las TIC pueden proporcionar los siguientes beneficios:

  • Propician el acceso a la Sociedad de la Información.
  • Favorecen la concentración y la atención.
  • Mejoran la comunicación.
  • Facilitan la participación social.
  • Estimulan la memoria y la creatividad.

Las TIC favorecen la actividad física y mental, su incorporación contrarresta los mitos sobre la vejez antes mencionados, posibilita nuevas relaciones sociales y permite una construcción mental más rica que la actividad lineal clásica (Bates, 1999).

Del amplio desarrollo experimentado con las TIC, Internet es el que ha generado mayores consecuencias en nuestra vida cotidiana. En la actualidad es posible encontrar numerosos sitios web dirigidos a las personas mayores o con un target senior entre los que destacan en nuestro país www.clubestrella.com, www.losmayores.com, www.50ymas.com o www.gentgran.com. Estos portales proporcionan contenidos de diferentes tipos, desde canales de noticias fundamentadas en los intereses de los usuarios, actividades formativas, herramientas de comunicación como foros de discusión o chats online, cuentas de correo electrónico e incluso servicios para la adquisición de productos a través de la red. Con todo, estos sitios web constituyen verdaderas comunidades virtuales en las que los participantes pueden interactuar entre ellos, realizar aportaciones, etc.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en comparación a los datos de 2010-2013, las personas de entre 65 y 74 años han incrementado el uso de las TIC. El uso del móvil ha aumentado del 68,2% al 76,2%, y del ordenador del 22,4% al 30,7%, siendo internet el que mayor crecimiento ha experimentado en 4 años, pasando de un 16,4% al 25,2%. Esta tendencia irá incrementando conforme envejezcan las generaciones para las que el uso de las TIC es habitual.

3.      Conclusiones

No es de extrañar que las principales áreas de desarrollo de las TIC dirigidas a las personas mayores estén centradas en la salud. Sin duda esta es una de las mayores preocupaciones de este colectivo que ve en el paso del tiempo una amenaza y representa un gravamen a la sanidad pública. Pero si bien el envejecimiento implica cierto declive, la mayoría de las personas mayores goza de buena salud y no es hasta edades muy avanzadas cuando las enfermedades aumentan su probabilidad de aparición. Por lo tanto no debe identificarse envejecimiento con enfermedad. Hay múltiples áreas en las que la tecnología tiene el potencial de satisfacer las necesidades de las personas mayores y que puede suponer una nueva forma de envejecer. Por otra parte debe tenerse en consideración que estamos frente a un sector de negocio que está diseñado para cuidar de las personas, no con las personas, que es hacia donde se deberían dirigir los esfuerzos.

También es importante considerar que los vertiginosos avances en nuevas tecnologías se han producido en relativamente poco tiempo. Para las personas mayores en la actualidad es todo nuevo, no han tenido oportunidad de manejarse con las TIC porque no existían en su etapa laboral y entonces no las necesitaron. Pero sabemos que no necesitamos algo hasta que nos lo ponen delante y lo conocemos, siendo por tanto prioritario el acceso de las TIC a los mayores y guiarles en el aprendizaje de su uso y en los beneficios que les pueden aportar.

Un inconveniente que se presenta a la hora de acercar las TIC a los mayores son las reticencias a incorporar la informática a sus vidas. Pavón y Castellanos (2000) recogen algunos de los impedimentos más característicos mencionados por los mayores.

  • Miedo a meter la pata. Temen tocar la tecla inadecuada y perder toda la información.
  • Porque sencillamente, no les interesa. No esperan que aporte nada nuevo a sus rutinas diarias.
  • Ni en su vida laboral, ni personal han manejado un ordenador, pero han observado a un nieto o familiar hacerlo sin que ello despierte interés por esa actividad.
  • Por haber nacido en otros tiempos desconfían de la interacción con una máquina.
  • Falta de claridad sobre el qué se puede realizar y la finalidad de manejar un ordenador en beneficio de su vida personal.

Un área de interés, que se ha recalcado a lo largo de estas páginas, es el de fomentar la participación de las personas mayores, el de promover una vejez activa. Aunque este sería objeto de estudio pormenorizado a parte, señalar que las TIC pueden resultar el medio idóneo para este fin. En el ámbito rural las personas son más accesibles entre ellas y es más fácil que surja ese sentimiento de pertenencia. Sin embargo en las grandes ciudades es complicado satisfacer las necesidades más básicas. Actividades tan sencillas como ir al supermercado son un hándicap para las personas con falta de movilidad, el coche es un requisito indispensable para desplazarse a cualquier lugar, las viviendas modernas están diseñadas para familias prototípicas cuando la mayor parte de personas mayores vive sola, y es esta soledad la que muchas veces puede confundirse con depresión. La necesidad más básica de todas, la de pertenencia, es una de las más afectadas cuando las personas envejecen. Los hijos se independizan, los amigos van falleciendo… Los cimientos sobre los que se había construido toda una vida se desestabilizan casi en un abrir y cerrar de ojos, con la mirada al futuro por el pesar de representar una carga para los cuidadores y la preparación del fin de la vida. El manejo de las TIC por parte de las personas mayores podría promover y facilitar su inclusión en la sociedad de la información a un nivel más integrador y globalizado, en el que mayores y jóvenes puedan interactuar en beneficio de un futuro común y lleno de posibilidades para todos.

Referencias bibliográficas

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Agudo Prado, S., Fombona Cadavieco, J. (2013). Impacto de las TIC en las personas mayores en Asturias: mejora del autoconcepto y de la satisfacción. Edutec. Revista electrónica de tecnología educativa Vol. 44.

Baltes, P. B. & Baltes M. (Eds.) (1990): Successful ageing. Cambridge: Mass. Cambridge Univ.Press.

Bates, A.W. (1999). The impact of new media academic knowledge. Munich: Burda Medien Envisioning Knowledge-from Information to Knowledge.

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Denney, N. W. (1982). Aging and cognitive changes. En B.B. Wolman (ED): Handbook of Developmental Psychology. N. Jersey: Practice-Hall.

Fernández-Ballesteros, R. (2009). Psicología de la vejez. Una Psicogerontología aplicada. Madrid: Pirámide.

Heart, T. y Kalderon, E. (2013). Older adults: Are they ready to adopt health­related ICT? International Journal of Medical  Informatics, Vol. 82, 209-­231.

IMSERSO (2011). Libro Blanco sobre el Envejecimiento Activo. Madrid, IMSERSO-Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

Monteagudo Peña, J. L. (2012). Capacidades y oportunidades de innovación en TIC para alzheimer. Instituto de Salud Carlos III – Ministerio de Economía y Competitividad. Madrid: Unidad de Investigación en Telemedicina

Organización Mundial de la Salud (2012). La buena salud añade vida a los años. Información general para el día mundial de la salud 2012.

Pavón, F. Y Castellanos, A. (2000). El aprendizaje de los mayores y las nuevas tecnologías. En Alcalá, Mª E. Y Valenzuela, E. (Ed.). El aprendizaje de las personas mayores ante los retos del nuevo milenio. Madrid: Dykinson.

Piattini Velthuis, M. (2012). Papel de las TIC en el envejecimiento. Lychnos, Vol. 8. 60-64.

Programa de Naciones Unidas sobre el Envejecimiento; Asociación Internacional de Gerontología (AIG). Agenda de investigación sobre el envejecimiento para el siglo XXI (2007).

Rowe, J.W. & Khan, R.L. (1997): Successful ageing. The Gerontologist, 37: 433-440.

Telefónica (2000). La sociedad de la información en España. Presente y perspectivas. http://www.telefonica.es/sociedaddelainformacion.

 

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