Violencia de género (Parte I)

 


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La violencia contra la mujer en la pareja tiene lugar en la intimidad del hogar, siendo este uno de los motivos por los que gran parte de la sociedad lo sigue percibiendo como un asunto privado. Sin embargo, la violencia contra la mujer no es un problema de la intimidad del hogar, es un problema social. El maltrato doméstico es un atentado a la dignidad, a la integridad física y emocional, una amenaza a la libertad de las mujeres que lo experimentan. Según las estadísticas, 1 de cada 5 mujeres de la desarrollada Unión Europea sufre maltrato. La muerte es una de entre las muchas devastadoras consecuencias.

Violencia contra la mujer en la pareja

En España, según el Ministerio de Asuntos Sociales, más de 600.000 mujeres son víctimas de maltrato habitual (el 4% de la población femenina adulta), pero en total son más de dos millones (alrededor de un 15%) las que confiesan haber sido víctimas de maltrato en alguna ocasión. Aunque la violencia de género puede darse tanto en contextos públicos como privados, es a nivel familiar donde cobra especial relevancia al ser el ámbito doméstico un lugar del que se espera obtener seguridad, denominándose en este caso Violencia Doméstica. Por otra parte la violencia en el hogar, al tener lugar en el ámbito privado puede suponer uno de los principales obstáculos para tomar la decisión de abandonar una relación de maltrato.

En el Glosario 100 palabras para la igualdad. Glosario de términos relativos a la igualdad entre hombres y mujeres (1998) elaborado por la comisión Europea, se define el término Violencia Doméstica como:

“Toda forma de violencia física, sexual o psicológica que pone en peligro la seguridad y el bienestar de un miembro de la familia; recurso a la fuerza física o el chantaje emocional; amenazas de recurso de la fuerza física, incluida la violencia sexual, en la familia o en el hogar. En este concepto se incluyen el maltrato infantil, el incesto, el maltrato de mujeres y los abusos sexuales o de otro tipo contra cualquier persona que conviva bajo el mismo techo”.

Cuando esta violencia ejercida en el ámbito doméstico atenta contra la mujer, este se denomina violencia o maltrato doméstico contra la mujer para referirse a “cualquier acto violento que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer y que se produzca sobre una base de relación familiar y/o afectiva actual o previa”.

Las mujeres que han sido víctimas de maltrato probablemente pagarán un precio muy alto por el estrés al que han estado expuestas. En una relación de maltrato pueden darse el maltrato físico, psicológico y sexual. El físico es fácilmente identificable, pero no es el que peores consecuencias acarrea para las víctimas. Las repercusiones del maltrato psicológico pueden tener consecuencias muy negativas para la salud y el bienestar emocional de la mujer, con un impacto tan elevado como el de la violencia física (O’Leary, 1999; citado en Amor, Bohórquez y Echeberúa, 2006). Por último, las víctimas que además sufren maltrato sexual tienen mayor probabilidad de ser diagnosticadas de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), especialmente en aquellas mujeres que son cuestionadas al revelar su victimización (Marx, 2005; citado en Amor y col. 2006).

El por qué de la permanencia en una relación de maltrato

img_circuloviolenciaSe han desarrollado diferentes teorías que tratan de explicar por qué la mujer sigue conviviendo con el agresor en una relación de maltrato. Estas teorías explicativas se dividen en dos grandes grupos; unas se centran en el proceso de toma de decisiones; las otras apelan a la dependencia emocional de las víctimas.

Enfoque orientado al proceso de toma de decisiones 

  • Modelo Conceptual de Choice y Lamke (1997). La decisión de abandonar la relación es función de la respuesta a dos preguntas: ¿estaré mejor fuera de la relación? y ¿seré capaz de salir de ella con éxito?.
  • Modelo de la Inversión (Rusbult, 1983). La mujer analiza su grado de compromiso en la relación a partir de tres factores: a) nivel de satisfacción, b) Alternativas y c) inversión realizada en recursos materiales y psicológicos.
  • Teoría de la Trampa Psicológica (Strube, 1988). Se propone que la mujer está atrapada en la esperanza de que invirtiendo esfuerzo y tiempo será capaz de conseguir una relación armoniosa.

Enfoque orientado a la dependencia emocional

  • Desde la Teoría de la Unión Traumática (Dutton y Painter, 1981)  y el Modelo de Intermitencia (Dutton y Painter, 1983) se señala la asimetría de poder entre la víctima y el agresor como base para explicar que el apego de la mujer hacia la pareja maltratadora se produce debido al proceso intermitente y extremo entre el buen y el mal trato.
  • El Modelo del Castigo Paradójico (Long y McNamara, 1989) propone que la permanencia se debe a las contingencias de reforzamiento que se establecen en función de un patrón cíclico de interacción que tiene lugar en una serie de fases que se repiten – fase de tensión, fase de descarga de esta tensión por parte del maltratador, escape de la víctima, arrepentimiento del agresor y vuelta de la víctima a la relación –.
  • La Teoría de la Indefensión aprendida (Seligman, 1975; Walker, 1979, 1984) alude a la inmovilidad voluntaria de la mujer por la pérdida de esperanza de que finalice la violencia, incapaz de ver que existen otras alternativas disponibles.

No hay que descuidar la existencia de determinados mitos y prejuicios que contribuyen a que el maltrato se perpetúe a partir de valores y creencias presentes en los esquemas sociales de forma generalizada (Lurdes Mendi, 2004; citado en Anlecar y Cantera, 2013). Algunos de los más frecuentes son el masoquismo erróneamente atribuido a la sumisión de la mujer; considerar la pasividad frente al maltrato como forma de tolerar la violencia; culparlas de su situación, o justificarlo por el abuso de alcohol, cuando se ha demostrado que sus efectos actúan como un desinhibidor, pero no por dejar de tomarlo cesa el maltrato (Anlecar y col., 2013).

Consecuencias psicopatológicas del maltrato contra la mujer

Existe abundante evidencia empírica que demuestra la relación entre el maltrato doméstico con problemas de salud física y mental de las víctimas.

Como breve apunte en relación a las consecuencias físicas, mencionar que las mujeres víctimas de maltrato presentan una menor salud general en comparación al resto de la población, una mayor frecuencia de quejas médicas inespecíficas y de problemas crónicos, y que requieren asistencia sanitaria en mayor medida que el resto de mujeres. El maltrato es un estresor crónico y como tal actúa debilitando el sistema inmunitario, abriendo una ventana de paso a infecciones y dolencias de tipo psicosomático.

Se considera que las consecuencias psicológicas de la violencia son más frecuentes y graves que las físicas, salvo casos excepcionales como los de muertes o lesiones graves (Labrador, Fernández-Velasco, Rincón, 2010). En diferentes estudios sobre las consecuencias psicopatológicas del maltrato aparece el Trastorno de estrés Postraumático (TEPT) como uno de los problemas más frecuentes. Son especialmente significativos los promedios encontrados en el denominado subsíndrome de estrés postraumático (Hickling y Blanchard (1992). Estos síntomas subsindrómicos son síntomas típicos del TEPT que, sin llegar a cumplir criterios para el diagnóstico completo, generan un gran sufrimiento e impiden un funcionamiento adaptativo. Estos síntomas son:

  • Reexperimentación: recuerdos desagradables y recurrentes sobre el maltrato y malestar psicológico intenso al recordar los sucesos.
  • Hiperactivación: dificultad para conciliar el sueño, problemas de concentración y un estado permanente de hipervigilancia.
  • Evitación: dado que la experiencia tiene lugar en el hogar, difícilmente se puede evitar o escapar de él, por lo que en este sentido son menos frecuentes. Lo que se evita  son los pensamientos y sentimientos relacionados con el trauma.

La depresión es el trastorno más frecuente en estas mujeres (66,6% entre moderada y grave), además de ser uno de los trastornos para el que más se demanda ayuda y al que más atención psicológica se le ha prestado (Labrador, 2006; citado en Labrador, 2010). Por otra parte, la autoestima, otra de las áreas que se ve profundamente afectada (un 74% no supera el punto de corte), supone un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de sintomatología depresiva (Cascardi y O’Leary, 1992; citado en Amor, 2006). Los valores de inadaptación a la vida cotidiana también son muy elevados, superando el punto de corte en un 88% siguiendo con el estudio de Labrador (2010). Como consecuencia del maltrato se ve afectada la vida labora, social, familiar, el tiempo libre y por supuesto de pareja, generando desconfianza en el establecimiento de nuevas relaciones.

Un grave problema en pocas ocasiones considerado es el 44% de las tendencias suicidas (Labrador, 2010), hecho que constata la necesidad de evaluar y prevenir el riesgo en las mujeres maltratadas.

Los problemas de ansiedad también son comunes entre las víctimas de maltrato. Aunque estos quedan englobados en la sintomatología del TEPT encontrada, son frecuentes trastornos de ansiedad como fobias específicas, agorafobia, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada o trastorno obsesivo compulsivo en mayor medida que en la población general (Amor, 2006).

Violencia contra la mujer en la pareja (II)

Referencias 

Amor, P., Bohórquez, I. A., Echeberúa, E. (2006). ¿Por qué y a qué coste físico y psicológico permanece la mujer junto a su pareja maltratadora? Acción psicológica, 4. 129-154

Anlecar-Rodrigues, R., Cantera, L. M. (2013). Intervención en violencia de género en la pareja: el papel de los recursos institucionales. Athenea Digital, 13. 75-100.

Cascardi, M., O’Leary, K. D., Schlee, K. A. (1995). Characteristics of women  physically abused by their spouses and who seek treatment regarding marital conflict. Journal of consulting and clinical psychology, 63, 616-623.

Choice, P. y Lamke, L.K. (1997). A conceptual approach to understanding abused women’s stay/leave decisions. Journal of Family Issues, 18, 290-314.

Comisión Europea (1998). 100 Palabras para la igualdad. Glosario de términos relativos a la igualdad entre hombres y mujeres . Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas.

Dutton, D.G. y Painter, S.L (1981). Traumatic bonding: The development of emotional attachment in battered women and other relationships of intermittent abuse. Victimology: An International Journal, 6, 139-155.

Dutton, D.G. y Painter, S.L. (1993). The battered woman syndrome: Effects of severity and intermittency of abuse. American Journal of Orthopsychiatry, 64, 614-622.

Hickling, E. J., y Blanchard, E. B. (1992). Post-traumatic stress disorder and motor vehicle accidents. Journal of anxiety disorders, 6, 283-304.

Labrador, F.J. (2006). Protocolos de atención psicológica a mujeres víctimas de malos tratos. Trabajo realizado para el Instituto de la Mujer (Manuscrito no publicado)

Labrador Encinas, F. J., Fernández-Velasco, M. R., Rincón, P. (2010). Características psicopatológicas de mujeres víctimas de violencia de pareja. Psicothema, 22. 99-105.

Long, G.M. y McNamara, J.R. (1989). Paradoxical punishment as it related to the battered women syndrome. Behavior modification, 13, 192-205.

Marx , B.P. (2005). Lessons learned from the last twenty years of sexual violence research. Journal of Interpersonal Violence, 20, 225-230.

O’leary, K. D. (1999). Psychological abuse: a variable deserving critical attention in domestic violence. Violence and Victims, 14, 1-21.

Mendi, Lurdes (2004). Mitos y estereotipos sociales en relación con el maltrato. En Consuelo Ruiz-Jarabo & Pilar Blanco (Org.). La violencia contra las mujeres: Prevención y detección. Cómo prevenir desde los servicios sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. Barcelona: Ediciones Díaz de Santos.

Rusbult, C. (1983). A longitudinal test of the investment model: The development (and deterioration) of satisfaction and commitment in heterosexual involvements. Journal of Personality and Social Psychology, 45, 101-117.

Seligman, M.E.P. (1975). Helplessness: On depression, development and death. San Francisco, CA: Freeman.

Strube, M.J. (1988). The Decision to Leave an Abusive Relationship: Empirical Evidence and Theoretical Issues. Psychological Bulletin. 2, 236-250.

Walker, L.E. (1979). The battered woman. Harper and Row. New York.

Walker, L.E. (1984). The battered woman syndrome. New York. Springer.

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